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abril 4, 2006

ERLERGEVKV

Lejos quedaron los tiempos en que un amante como Napoleón podía escribirle a Josefina: "Estaré allí en tres días, por favor no te laves.....". Para las odorófobas sociedades contemporáneas los efluvios estimulantes de la vida amorosa ya no provienen del cuerpo sino de los laboratorios de las empresas multinacionales de cosméticos. Durante el siglo XX una de las esferas más reveladoras del proceso de civilización fue la obsesión por suprimir los olores corporales asociados a la animalidad. En esta empresa el desodorante desempeñó un rol fundamental: fabricado por primera vez a fines del siglo pasado en los Estados Unidos en base a una mezcla de sulfato de potasio y aluminio, tras la segunda guerra mundial su uso se general)zó prácticamente en todos los países occidentales hasta abarcar una gama de variedades que parece no tener fin: desodorantes para las axilas, para los pies, para la higiene íntima, para el aliento, para desinfectar y aromatizar el aire, para la ropa, para el cabello, para borrar los efluvios del cigarrillo y del animal doméstico.

Imagino as pioneiras na arte das axilas imberbes. E os homens que primeiro viram esta nova nudez. Minha ignorância histórica deste fenômeno é total. Mas será que foi algum nobre do século XIX? Imagine o seu encantamento diante da Primeira Depilada. É para lamber?, perguntou. Mais tarde contaria aos amigos. E a nova técnica difundiu-se com rapidez por todo o mundo civilizado.

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A Lucélia Santos, uma mulher do medievo. Além daquelas axilas, acredita em duendes.

Postado por Marcelo Rota em abril 4, 2006 6:53 PM | concupiscíveis

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